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El sector de la alimentación es clave para el buen funcionamiento de la economía y de la sociedad de un país. El consumidor ha cambiado sus hábitos de consumo, prestando más atención en el impacto que su compra tiene en su salud, en el medio ambiente y en el bienestar social, y la industria alimentaria se ha tenido que ir adaptando volviéndose más sostenible.

En España, cada vez son más las empresas las que se suman a este reto en la cadena de producción y consumo, y lo hacen desde dentro. También empresas de nueva creación e innovación alimentaria (foodtech). Uno de los movimientos que más está creciendo últimamente tiene que ver con la apuesta por una alimentación centrada en la proteína vegetal, también llamada “plant-based”, dirigida a todo tipo de consumidor que quiera disfrutar de una dieta sana, equilibrada y respetuosa con el medio ambiente.

Respetar la biodiversidad, reducir el impacto medioambiental y no agotar los recursos naturales es fundamental si queremos cuidar y prolongar los recursos de nuestro planeta para las futuras generaciones, y una dieta basada en estos pilares sin duda contribuye a ello. Hablamos de una dieta centrada en aumentar el consumo de productos de origen vegetal, como frutas, verduras, frutos secos, semillas y cereales integrales, etc.

Por una cadena de valor sostenible

La irrupción y crecimiento de esta forma de vida ha generado el nacimiento de empresas que ofrecen una dieta plant based a través de platos preparados para el consumo. Es una forma creativa y efectiva de simplificar la cadena de valor y de evitar intermediarios innecesarios para conectar a los consumidores con los productores e incrementar el consumo de comida de origen vegetal. Porque, aunque los alimentos que llevamos a nuestras casas para consumir sean el producto final, el objetivo pasa por conseguir que la industria alimentaria también sea sostenible en todos los eslabones de la cadena, como la producción, el empaquetado, el transporte y la venta.

En lo relativo al packaging, para muchos de nosotros es ya una condición irrenunciable ofrecer al consumidor un embalaje sostenible, no sólo por adaptarse a un cliente más concienciado en cuidar el planeta sino porque es la propia empresa la que está comprometida con respeto a la naturaleza a través de envases biodegradables, evitando un impacto ambiental negativo, así como reduciendo el uso de materias primas y el consumo de energía.

Stop al desperdicio de alimentos

Otro de los aspectos en los que se nota una mayor implicación por parte de las empresas es a la hora de limitar las pérdidas y el desperdicio de alimentos. Según la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), cada año se pierden y desperdician entre 95 y 115 kilos de comida por persona sólo en Europa y América del norte. A nivel global, el organismo internacional calcula que el desperdicio de comida es responsable del 8 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

El consumidor es quien quizás tenga aquí más peso a la hora de mejorar estas cifras, con pasos sencillos y que cada vez se aplican más en los hogares, como hacer una lista de la compra que incluya sólo los productos necesarios, planificar un menú semanal, calcular las cantidades de forma adecuada o aprovechar los alimentos utilizados en la elaboración de un plato para otras comidas, entre otros ejemplos.

Al mismo tiempo, es el propio consumidor el que está en constante evolución hacia una vida más sana a través de una dieta saludable y más consciente con el cuidado del planeta, y de ahí surgen cada vez más empresas del sector que quieren dar cabida a sus expectativas de una forma responsable y sostenible. La importancia de aprender a comer bien también está cada vez más asentada entre la sociedad, aumentando el consumo de vegetales frescos y de temporada, de fruta, reduciendo la ingesta de proteína cárnica o limitándose a la procedencia de animales bien cuidados.

España es el primer productor ecológico a nivel europeo y el cuarto del mundo, según datos del Ministerio de Agricultura, con más de 2,3 millones de hectáreas de explotaciones ecológicas de animales y cultivos. Debemos aprovechar este potencial para que, poco a poco y con pequeños cambios, consigamos una alimentación más sana de una forma más sostenible, ya que es la base para que las personas y el planeta gocen de buena salud.

Tribuna firmada por Pablo Alcolea, CEO y cofundador de Vegan Food Club