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En la primera semana de clase en mi cátedra de Laboratorio de Ideas de Negocios 2 en CEIPA Business School le pregunto a mis estudiantes sobre el concepto de creatividad, al tiempo que desarrollamos unos retos orientados a “pensar fuera de la caja”; aunque suena como todo un cliché, y de hecho lo es, esto lo que busca es observar el pensamiento creativo de los participantes.

Es común durante este ejercicio escuchar a algunos estudiantes indicar que ellos no son creativos y que tal vez sus competencias están orientadas en otros focos; como si les pareciera que la creatividad es un don divino entregado solo a unos pocos privilegiados para que propongan soluciones extraordinarias a los problemas comunes.

El concepto de creatividad ha sido objeto de estudio (con un tratamiento más formal), desde principios del siglo XX por la psicología y la pedagogía; en ese sentido han sido muchas las discusiones que se han desarrollado sobre este concepto que, en mi opinión, aún no llega a un consenso en su definición.

Sin embargo, una de las definiciones que más me gusta es la que propone Rollo May, el pionero de la psicología y psicoterapia existencial en América, quien en 1959 indicó que la creatividad es “el encuentro del hombre intensamente consciente con su mundo”.

Si nos fijamos con detenimiento en esta grandiosa e inspiradora definición, podremos advertir que desde la misma no se están considerando súper-poderes o habilidades extraordinarias al ejercicio del ser creativo. Por el contrario, de una forma pragmática, May humaniza este concepto y lo desescala al punto de entenderlo como un proceso cotidiano y propio de los seres humanos… Claro que tiene un truco y es la condición de ser “intensamente consciente”.

Es común encontrar en los “gurús” de la creatividad posiciones contrapuestas en cuanto a la conceptualización de la misma, es decir, es tan fácil escucharlos decir que la creatividad es propia de todos los humanos, y al mismo tiempo, asociarla o apelar a ejemplos que solo identifican como creativos a aquellas personas que, revestidas con una gran estrategia de marketing, aleja esos referentes de las personas comunes; haciéndolos sentir ajenos a la creatividad ya que no están lazando cohetes a Marte ni están proponiendo el punto de inflexión de la industria de los smartphones.

¿Por qué ese afán de complejizar algo tan natural y tan propio de nosotros? Creo que esta situación se está convirtiendo en un “obstáculo” del emprendimiento toda vez que las personas creen que deben esperar a las “epifanías cósmicas” de creatividad para generar ideas susceptibles de ser modelos de negocios viables (o por lo menos eso les pasa a algunos de mis alumnos durante la primera semana de clase).

Tuve la oportunidad de contar como invitado en mi cátedra de Laboratorio de Ideas de Negocios a Juan camilo Botero  , CEO de Glass Innovation Company, una exitosa startup multilatina con sede en Medellín, y fue maravilloso ver como su idea de negocio nació, no de un destello sobrehumano de creatividad (sin querer demeritar lo creativo de su solución), sino de una intensa consciencia con su mundo que lo llevó a hacerse preguntas a problemas cotidianos que derivaron en unas soluciones que hoy son vendidas en gran parte de América y que solo en Colombia, más del 50% de los metros cuadrados construidos usan algunos de los productos de esta organización.

Es importante entonces desescalar la creatividad y volverla a humanizar, y este reto pasa en gran medida por las instituciones educativas del nivel básico, secundario y superior, ya que es en este lugar en donde deberíamos enseñar para que los individuos sean intensamente conscientes con su mundo, que no pierdan esa capacidad de realizarse preguntas sencillas a problemas cotidianos ya que son la sumatoria de estos ejercicios lo que permite el pensamiento complejo.

Una vez esto, es seguro que, humanizando la creatividad, las ideas de negocios podrán abundar y así lograr un mayor chance de contar con emprendimiento o startups que respondiendo a preguntas cotidianas logren consolidar modelos de negocios que proponen soluciones viables a problemas cotidianos del mercado.