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Quien sigue la actualidad del ecosistema emprendedor está acostumbrado a leer cada día noticias sobre el nacimiento de nuevas startups, algunas dedicadas a actividades absolutamente sorprendentes y otras que aplican a un nicho ya conocido, que seguro han encontrado la manera de disrumpir. Cuántas de ellas sobrevivirán y alcanzarán el éxito es la pregunta del millón, pero ello no va a depender solo de la idea innovadora o disruptiva, sino también del talento del propio equipo y de su capacidad para conseguir financiación.

El punto de partida del nacimiento de una startup está, efectivamente, en las personas que lo ponen en marcha. Emprender es un camino muy duro lleno de incertidumbres. Por ello, para triunfar es fundamental el potencial del equipo fundador, que reúna resiliencia, tolerancia a la frustración, actitud positiva, conocimiento del sector y una sana ambición de crecimiento, para ser capaces de ejecutar y arrancar un proyecto único en el mercado local y escalarlo a nivel global.  Un equipo ideal es el formado por dos o tres fundadores que se complementan en habilidades, se admiran personal y profesionalmente y están conectados emocionalmente en torno al proyecto.

A partir de este primer requisito indispensable, entre los ingredientes que comparten las startups de éxito destacan el tener una idea clara que resuelva un problema o una necesidad real del mercado; definir bien el modelo de negocio (aunque este puede pivotar durante los primeros meses, o incluso años); ser realista y humilde para saber redirigir el negocio si no está funcionando; y saber rodearse de profesionales sólidos, comprometidos y motivados.

Asimismo, es esencial gestionar bien los tiempos y las emociones (tanto cuando las cosas van bien como cuando van mal), y trabajar mucho la red de contactos, pues muchas veces el éxito depende en gran medida de las conexiones, de apoyos que te ayuden a abrir puertas, sobre todo en las fases iniciales.

Un problema frecuente en España es que tenemos una gran capacidad emprendedora pero no tanta en gestión empresarial y financiera, y cuando la startup empieza a crecer, muchos emprendedores se quedan bloqueados en un estadio temprano porque no tienen los conocimientos suficientes para escalarla.

Llegados a este punto, algunos optan por dar un paso al lado y contratar a un CEO que tenga el conocimiento y  la experiencia necesaria y le ayude a crecer; otros, por exceso de ego o por miedos, no se deciden a dar ese paso a un lado y la empresa termina muriendo. Es decir, otro factor clave para el éxito es mantener un aprendizaje constante y tener formación en gestión empresarial.

Cómo enfrentarse a una ronda de inversión

Y por supuesto, de nada sirve si contamos con todos estos ingredientes pero no tenemos capital con el que seguir haciendo crecer a la compañía. Por ello, saber cómo enfrentarse a las rondas de inversión es vital para las startups. En este sentido, es muy frecuente que se cometan casi siempre los mismos errores.

El primero, un error de planteamiento: pedir el dinero por necesidad, y no como una oportunidad para el inversor. El segundo, preparar un plan de empresa de 70 páginas que nadie se va a leer, cuando lo que hay que hacer es sorprender al inversor con una información bien sintetizada y muy bien fundamentada que llame su atención.

El tercer gran error es elegir a un inversor que no es el adecuado. Algunos pueden parecerlo, porque son empresarios que tienen mucho dinero, pero si no conocen el mundo startup, las valoraciones, el crecimiento, la escalabilidad, etc., puede que a la hora de negociar exijan un alto porcentaje de la compañía, cuando un emprendedor no debería diluirse más de un 20% en una primera ronda de inversión.

Asimismo, tal vez tampoco el capital riesgo sea la opción idónea para fases muy iniciales. Sí hay venture capital como Demium que invierten en fase pre-seed, aunque siempre es importante poner el foco en un inversor con el que tengamos posibilidades reales.

Al inversor hay que ganarle poco a poco. A la hora de preparar ese primer contacto que en el argot ‘startapero’ se conoce como investor deck, debemos seleccionar bien esa documentación  sintetizada y con impacto, y guardarnos siempre un as en la manga para seguir cautivándole en fases posteriores en las que vayamos a necesitar más financiación. Tenemos que ser capaces de conquistarle, de mantener su interés y su compromiso con la evolución del proyecto.

Un aspecto crítico es la confianza. Si contamos con el apoyo de una primera captación de capital mediante FFF (Friends, Family & Fools), es decir, tenemos un entorno que ya ha apostado por el  proyecto, ya es un primer paso que al potencial nuevo inversor le da confianza. Y además, si las cosas se tuercen un poco en un determinado momento, el emprendedor va a ser resiliente porque tiene un compromiso moral con la gente que le ha respaldado. Por último, más allá del capital, tener a alguien que además de estar aportando dinero nos ayude a conectar con el sector, a avanzar –lo que conocemos como smart money-, puede ser determinante.

Líderes en emprendimiento

El ecosistema emprendedor español es cada vez más maduro. Los emprendedores traen cada vez más conocimiento de base, los fondos de inversión están más consolidados, llega mayor volumen de capital internacional, están subiendo las valoraciones en rondas pre-seed y seed… Pero seguimos siendo más un follower que un líder, nos fijamos demasiado en lo que hacen y lo que triunfa en otros mercados. Sin duda, esta estrategia de copiar lo que ya funciona es válida, pero pone un tope en la madurez que el ecosistema puede llegar a conseguir.

Si queremos ser verdaderos líderes –y potencial tenemos-, deberíamos aumentar el número de startups que están intentando disrumpir mercados globales con sus propias ideas, desarrollando tecnología innovadora de alcance global.

Tribuna firmada por Jaime Guillot de Mergelina, COO de Demium