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“Ha llegado lo que Honduras y su democracia anhela”

Tras la llegada y juramentación del diputado,...

¿No sería lindo que hubiera de todo para todos?

DAVID RAUDALES BLOG¿No sería lindo que hubiera de todo para todos?

En un programa de televisión en el cual entrevistaron a familias muy pobres, le preguntaron a un chico qué era lo que más deseaba. No retuve el texto, pero la idea quedó grabada en mi mente. Palabra más, palabra menos, dijo “que todo fuera gratis”. Impecable versión, por la inversa, del principio de escasez, que le da sentido a buena parte de la reflexión en materia económica. La escasez, ¿es algo inherente a la realidad en la Tierra o es un producto fabricado por algunos seres humanos para vivir a costa del resto?

Sobre esta cuestión conversé con el estadounidense Robert Henry Nelson (1944-2018), quien, según Art Carden, fue un académico pionero en los estudios que se ubican en la intersección entre economía y teología. También se destacó por sus trabajos referidos a administración de los recursos naturales, el uso de la tierra y la política de medio ambiente. Su perspectiva fue importante e insuficientemente apreciada. En 2001 publicó el libro La economía como religión. De Samuelson a Chicago y más allá, en el que aclaró que el estudio de la economía como religión no debe confundirse con el estudio de la economía de la religión. La obra no es posmoderna desde el punto de vista de los métodos, pero sí posfundacional desde el de los resultados.

–Una década antes había publicado otro libro sobre esta cuestión.

–En efecto; Max Lynn Stackhouse dijo que en Alcanzando el Cielo en la Tierra: el significado teológico del análisis económico, publicado en 1991, contribuí a iniciar una fresca autoconciencia entre los cientistas sociales, con respecto a las profundas constelaciones de valores que subyacen por debajo de lo que hacemos.

–¿Qué rescata, principalmente, de la obra publicada en 2001?

–Muchos de los economistas clásicos no solamente estaban guiados por supuestos teológicos, sino que también visualizaban el campo de estudio en términos mesiánicos. Por ejemplo, suponían que la principal razón del dolor y el sufrimiento humanos, se debían a que vivimos en un contexto de escasez. Las profundas tradiciones religiosas que conformaron la cultura occidental, inevitablemente circunscribieron el análisis económico mucho más de lo que los principales economistas están dispuestos a admitir. Los economistas se visualizan a sí mismos como científicos, pero se parecen más a los teólogos. El rol básico que cumplen los economistas en la sociedad contemporánea, es similar al que cumplían los primeros cristianos y otros religiosos en su momento. Recuérdese que, en las épocas antiguas, los teólogos no solamente se ocupaban de los misterios divinos, sino también de algunas cuestiones que hacían a la vida diaria. Por ejemplo, se interesaban por el justo precio y la usura.

–En la primera clase de mi curso de “Economía 1″ explico el principio de escasez, según el cual no hay de todo, para todos, gratis.

–En la Argentina. También lo comenzaría así, si lo dictara en Colombia, Alemania o Japón. Quizá tendría algún problema si lo ofreciera en Arabia Saudita o Qatar, donde –superficialmente al menos– el derroche está a la vista de todos. Aunque, muy probablemente, si profundizáramos el análisis también encontraríamos facetas del principio de escasez.

–Mucho se discute sobre el origen del referido principio.

–Me parece claro que es un subproducto de la desobediencia de Adán y Eva al mandato divino. Cuando Dios los echó del Paraíso, les dijo: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Una implicancia de esta explicación es que no es cierto que hace cinco siglos no había economistas ni problemas económicos. Quizá no había economistas, como los conocemos ahora, pero en el Egipto de los faraones y en la Antigua Grecia había problemas económicos.

–Tanto en el plano del diagnóstico, como en el de las soluciones, existen explicaciones alternativas.

–Propias de la utopía. Los anarquistas sostienen que la escasez es una creación del Estado, por lo cual su abolición terminaría con aquella. También existen utopías de inspiración socialista.

–Que supongo que a usted le parecen incorrectas.

–Inofensivas, si solo sirven para matizar una conversación entre amigos o parientes, pero peligrosas cuando se intentan llevar a la práctica. ¿Cuántos millones de inocentes seres humanos perdieron la vida cuando llegaron al poder partidarios del Hombre Nuevo o barbaridades por el estilo?

–¿Cuál es el rol de los economistas?

–No eliminar la escasez y recrear el Paraíso en la Tierra; de la misma manera que no es el rol de los médicos solucionar el problema de la muerte. Los economistas tenemos que responder a versiones concretas de la siguiente pregunta: ¿qué alternativas son factibles, con los recursos y la tecnología que contamos, sabiendo que no hay de todo, para todos, gratis? Óptimo es lo mejor de lo factible, no lo mejor de lo mejor.

–¿Por qué dice versiones concretas?

–Porque la relación entre el análisis económico y la teoría económica no es mecánica y mucho menos biunívoca. Si lo fuera, bastaría con introducir todos los conocimientos en una computadora para que nos dijera cuál es la mejor decisión posible.

–Deme algún ejemplo.

–Todo economista profesional lleva en la sangre el principio de escasez, y, por ende, está particularmente alerta al derroche. En un mundo donde sobraran los recursos no habría problema con llevar adelante las ideas más fantasiosas; en un mundo de recursos escasos la contrapartida de un derroche es mayor escasez para otros seres humanos. Esta es la razón por la cual, como principio general, los precios tienen que reflejar los costos, que a su vez reflejan los recursos utilizados en la producción de los diferentes bienes.

–No todos los problemas son de escasez.

–Tiene razón, también existen los problemas de distribución. Pero al respecto los economistas también tenemos algo importante que decir. Solo a John Stuart Mill se le ocurrió separar por completo las leyes de la producción de las leyes de la distribución o, si se prefiere, recomendar la eficiencia en el ámbito de la producción y la equidad en la de la distribución.

–Tampoco nos vayamos al otro lado, y pensemos en la inflexibilidad de la distribución, planteada por Vilfredo Pareto.

–Tampoco. Pero la experiencia de buena parte del siglo XX muestra las consecuencias que tiene, sobre la producción y el crecimiento, el entusiasmo de las políticas públicas por reducir la desigualdad en la distribución del ingreso a través de medidas impositivas, subsidios a la demanda de ciertas mercaderías y servicios, etcétera, ignorando los incentivos y los desincentivos, base decisoria de los seres humanos. La reacción que se está produciendo en varios países, no solamente en la Argentina, es una muestra de ello.

–Don Robert, muchas gracias.

En un programa de televisión en el cual entrevistaron a familias muy pobres, le preguntaron a un chico qué era lo que más deseaba. No retuve el texto, pero la idea quedó grabada en mi mente. Palabra más, palabra menos, dijo “que todo fuera gratis”. Impecable versión, por la inversa, del principio de escasez, que le da sentido a buena parte de la reflexión en materia económica. La escasez, ¿es algo inherente a la realidad en la Tierra o es un producto fabricado por algunos seres humanos para vivir a costa del resto?

Sobre esta cuestión conversé con el estadounidense Robert Henry Nelson (1944-2018), quien, según Art Carden, fue un académico pionero en los estudios que se ubican en la intersección entre economía y teología. También se destacó por sus trabajos referidos a administración de los recursos naturales, el uso de la tierra y la política de medio ambiente. Su perspectiva fue importante e insuficientemente apreciada. En 2001 publicó el libro La economía como religión. De Samuelson a Chicago y más allá, en el que aclaró que el estudio de la economía como religión no debe confundirse con el estudio de la economía de la religión. La obra no es posmoderna desde el punto de vista de los métodos, pero sí posfundacional desde el de los resultados.

–Una década antes había publicado otro libro sobre esta cuestión.

–En efecto; Max Lynn Stackhouse dijo que en Alcanzando el Cielo en la Tierra: el significado teológico del análisis económico, publicado en 1991, contribuí a iniciar una fresca autoconciencia entre los cientistas sociales, con respecto a las profundas constelaciones de valores que subyacen por debajo de lo que hacemos.

–¿Qué rescata, principalmente, de la obra publicada en 2001?

–Muchos de los economistas clásicos no solamente estaban guiados por supuestos teológicos, sino que también visualizaban el campo de estudio en términos mesiánicos. Por ejemplo, suponían que la principal razón del dolor y el sufrimiento humanos, se debían a que vivimos en un contexto de escasez. Las profundas tradiciones religiosas que conformaron la cultura occidental, inevitablemente circunscribieron el análisis económico mucho más de lo que los principales economistas están dispuestos a admitir. Los economistas se visualizan a sí mismos como científicos, pero se parecen más a los teólogos. El rol básico que cumplen los economistas en la sociedad contemporánea, es similar al que cumplían los primeros cristianos y otros religiosos en su momento. Recuérdese que, en las épocas antiguas, los teólogos no solamente se ocupaban de los misterios divinos, sino también de algunas cuestiones que hacían a la vida diaria. Por ejemplo, se interesaban por el justo precio y la usura.

–En la primera clase de mi curso de “Economía 1″ explico el principio de escasez, según el cual no hay de todo, para todos, gratis.

–En la Argentina. También lo comenzaría así, si lo dictara en Colombia, Alemania o Japón. Quizá tendría algún problema si lo ofreciera en Arabia Saudita o Qatar, donde –superficialmente al menos– el derroche está a la vista de todos. Aunque, muy probablemente, si profundizáramos el análisis también encontraríamos facetas del principio de escasez.

–Mucho se discute sobre el origen del referido principio.

–Me parece claro que es un subproducto de la desobediencia de Adán y Eva al mandato divino. Cuando Dios los echó del Paraíso, les dijo: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Una implicancia de esta explicación es que no es cierto que hace cinco siglos no había economistas ni problemas económicos. Quizá no había economistas, como los conocemos ahora, pero en el Egipto de los faraones y en la Antigua Grecia había problemas económicos.

–Tanto en el plano del diagnóstico, como en el de las soluciones, existen explicaciones alternativas.

–Propias de la utopía. Los anarquistas sostienen que la escasez es una creación del Estado, por lo cual su abolición terminaría con aquella. También existen utopías de inspiración socialista.

–Que supongo que a usted le parecen incorrectas.

–Inofensivas, si solo sirven para matizar una conversación entre amigos o parientes, pero peligrosas cuando se intentan llevar a la práctica. ¿Cuántos millones de inocentes seres humanos perdieron la vida cuando llegaron al poder partidarios del Hombre Nuevo o barbaridades por el estilo?

–¿Cuál es el rol de los economistas?

–No eliminar la escasez y recrear el Paraíso en la Tierra; de la misma manera que no es el rol de los médicos solucionar el problema de la muerte. Los economistas tenemos que responder a versiones concretas de la siguiente pregunta: ¿qué alternativas son factibles, con los recursos y la tecnología que contamos, sabiendo que no hay de todo, para todos, gratis? Óptimo es lo mejor de lo factible, no lo mejor de lo mejor.

–¿Por qué dice versiones concretas?

–Porque la relación entre el análisis económico y la teoría económica no es mecánica y mucho menos biunívoca. Si lo fuera, bastaría con introducir todos los conocimientos en una computadora para que nos dijera cuál es la mejor decisión posible.

–Deme algún ejemplo.

–Todo economista profesional lleva en la sangre el principio de escasez, y, por ende, está particularmente alerta al derroche. En un mundo donde sobraran los recursos no habría problema con llevar adelante las ideas más fantasiosas; en un mundo de recursos escasos la contrapartida de un derroche es mayor escasez para otros seres humanos. Esta es la razón por la cual, como principio general, los precios tienen que reflejar los costos, que a su vez reflejan los recursos utilizados en la producción de los diferentes bienes.

–No todos los problemas son de escasez.

–Tiene razón, también existen los problemas de distribución. Pero al respecto los economistas también tenemos algo importante que decir. Solo a John Stuart Mill se le ocurrió separar por completo las leyes de la producción de las leyes de la distribución o, si se prefiere, recomendar la eficiencia en el ámbito de la producción y la equidad en la de la distribución.

–Tampoco nos vayamos al otro lado, y pensemos en la inflexibilidad de la distribución, planteada por Vilfredo Pareto.

–Tampoco. Pero la experiencia de buena parte del siglo XX muestra las consecuencias que tiene, sobre la producción y el crecimiento, el entusiasmo de las políticas públicas por reducir la desigualdad en la distribución del ingreso a través de medidas impositivas, subsidios a la demanda de ciertas mercaderías y servicios, etcétera, ignorando los incentivos y los desincentivos, base decisoria de los seres humanos. La reacción que se está produciendo en varios países, no solamente en la Argentina, es una muestra de ello.

–Don Robert, muchas gracias.

 En un programa de televisión en el cual entrevistaron a familias muy pobres, le preguntaron a un chico qué era lo que más deseaba. No retuve el texto, pero la idea quedó grabada en mi mente. Palabra más, palabra menos, dijo “que todo fuera gratis”. Impecable versión, por la inversa, del principio de escasez, que le da sentido a buena parte de la reflexión en materia económica. La escasez, ¿es algo inherente a la realidad en la Tierra o es un producto fabricado por algunos seres humanos para vivir a costa del resto?Sobre esta cuestión conversé con el estadounidense Robert Henry Nelson (1944-2018), quien, según Art Carden, fue un académico pionero en los estudios que se ubican en la intersección entre economía y teología. También se destacó por sus trabajos referidos a administración de los recursos naturales, el uso de la tierra y la política de medio ambiente. Su perspectiva fue importante e insuficientemente apreciada. En 2001 publicó el libro La economía como religión. De Samuelson a Chicago y más allá, en el que aclaró que el estudio de la economía como religión no debe confundirse con el estudio de la economía de la religión. La obra no es posmoderna desde el punto de vista de los métodos, pero sí posfundacional desde el de los resultados.–Una década antes había publicado otro libro sobre esta cuestión.–En efecto; Max Lynn Stackhouse dijo que en Alcanzando el Cielo en la Tierra: el significado teológico del análisis económico, publicado en 1991, contribuí a iniciar una fresca autoconciencia entre los cientistas sociales, con respecto a las profundas constelaciones de valores que subyacen por debajo de lo que hacemos.–¿Qué rescata, principalmente, de la obra publicada en 2001?–Muchos de los economistas clásicos no solamente estaban guiados por supuestos teológicos, sino que también visualizaban el campo de estudio en términos mesiánicos. Por ejemplo, suponían que la principal razón del dolor y el sufrimiento humanos, se debían a que vivimos en un contexto de escasez. Las profundas tradiciones religiosas que conformaron la cultura occidental, inevitablemente circunscribieron el análisis económico mucho más de lo que los principales economistas están dispuestos a admitir. Los economistas se visualizan a sí mismos como científicos, pero se parecen más a los teólogos. El rol básico que cumplen los economistas en la sociedad contemporánea, es similar al que cumplían los primeros cristianos y otros religiosos en su momento. Recuérdese que, en las épocas antiguas, los teólogos no solamente se ocupaban de los misterios divinos, sino también de algunas cuestiones que hacían a la vida diaria. Por ejemplo, se interesaban por el justo precio y la usura.–En la primera clase de mi curso de “Economía 1″ explico el principio de escasez, según el cual no hay de todo, para todos, gratis.–En la Argentina. También lo comenzaría así, si lo dictara en Colombia, Alemania o Japón. Quizá tendría algún problema si lo ofreciera en Arabia Saudita o Qatar, donde –superficialmente al menos– el derroche está a la vista de todos. Aunque, muy probablemente, si profundizáramos el análisis también encontraríamos facetas del principio de escasez.–Mucho se discute sobre el origen del referido principio.–Me parece claro que es un subproducto de la desobediencia de Adán y Eva al mandato divino. Cuando Dios los echó del Paraíso, les dijo: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Una implicancia de esta explicación es que no es cierto que hace cinco siglos no había economistas ni problemas económicos. Quizá no había economistas, como los conocemos ahora, pero en el Egipto de los faraones y en la Antigua Grecia había problemas económicos.–Tanto en el plano del diagnóstico, como en el de las soluciones, existen explicaciones alternativas.–Propias de la utopía. Los anarquistas sostienen que la escasez es una creación del Estado, por lo cual su abolición terminaría con aquella. También existen utopías de inspiración socialista.–Que supongo que a usted le parecen incorrectas.–Inofensivas, si solo sirven para matizar una conversación entre amigos o parientes, pero peligrosas cuando se intentan llevar a la práctica. ¿Cuántos millones de inocentes seres humanos perdieron la vida cuando llegaron al poder partidarios del Hombre Nuevo o barbaridades por el estilo?–¿Cuál es el rol de los economistas?–No eliminar la escasez y recrear el Paraíso en la Tierra; de la misma manera que no es el rol de los médicos solucionar el problema de la muerte. Los economistas tenemos que responder a versiones concretas de la siguiente pregunta: ¿qué alternativas son factibles, con los recursos y la tecnología que contamos, sabiendo que no hay de todo, para todos, gratis? Óptimo es lo mejor de lo factible, no lo mejor de lo mejor.–¿Por qué dice versiones concretas?–Porque la relación entre el análisis económico y la teoría económica no es mecánica y mucho menos biunívoca. Si lo fuera, bastaría con introducir todos los conocimientos en una computadora para que nos dijera cuál es la mejor decisión posible.–Deme algún ejemplo.–Todo economista profesional lleva en la sangre el principio de escasez, y, por ende, está particularmente alerta al derroche. En un mundo donde sobraran los recursos no habría problema con llevar adelante las ideas más fantasiosas; en un mundo de recursos escasos la contrapartida de un derroche es mayor escasez para otros seres humanos. Esta es la razón por la cual, como principio general, los precios tienen que reflejar los costos, que a su vez reflejan los recursos utilizados en la producción de los diferentes bienes.–No todos los problemas son de escasez.–Tiene razón, también existen los problemas de distribución. Pero al respecto los economistas también tenemos algo importante que decir. Solo a John Stuart Mill se le ocurrió separar por completo las leyes de la producción de las leyes de la distribución o, si se prefiere, recomendar la eficiencia en el ámbito de la producción y la equidad en la de la distribución.–Tampoco nos vayamos al otro lado, y pensemos en la inflexibilidad de la distribución, planteada por Vilfredo Pareto.–Tampoco. Pero la experiencia de buena parte del siglo XX muestra las consecuencias que tiene, sobre la producción y el crecimiento, el entusiasmo de las políticas públicas por reducir la desigualdad en la distribución del ingreso a través de medidas impositivas, subsidios a la demanda de ciertas mercaderías y servicios, etcétera, ignorando los incentivos y los desincentivos, base decisoria de los seres humanos. La reacción que se está produciendo en varios países, no solamente en la Argentina, es una muestra de ello.–Don Robert, muchas gracias.  

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