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Messi siempre quiere más: aunque el cuerpo tire alertas, el “ya está” no corre

DAVID RAUDALES BLOGMessi siempre quiere más: aunque el cuerpo tire alertas, el “ya está” no corre

Desde su timidez e improvisado rol de vocero en la conferencia previa al juego ante Perú, Walter Samuel contesta preguntas con la misma simpleza y contundencia con la jugaba. La suspensión que recibió Scaloni por pecar de impuntual dejará al técnico argentino en un verdadero corralito de cuatro paredes, imposibilitado de vivir el partido en su estado natural, a pie de campo. La noticia no altera los planes. Finalmente, y aunque está claro quién toma las decisiones, el sentido orgánico del seleccionado argentino también se expresa desde su cuerpo técnico. Nada despierta histeria, nada genera polémica. La solvencia y seriedad con la que el campeón del mundo juega cada partido en ésta Copa América disipa todo tipo de especulaciones. Nada altera la calma del campamento argentino. O casi.

Messi está tocado. Saber que su capa de superhéroe y esa arma poderosa que lleva guardada en su botín izquierdo no lo blindan del paso del tiempo es algo tan obvio como inquietante. La acumulación de partidos en pocos días es un combo traicionero y este año de experiencia en Miami lo confirmó en un par de oportunidades en las que Leo pagó con su físico la seguidilla frenética de encuentros con escaso tiempo de recuperación. Se sabía: esto que vive hoy podía pasar.

Todos debemos aceptar que este es otro Messi. Distinto al de sus años jóvenes y explosivos, pero también diferente al de un año y medio atrás en Qatar. Despojarnos de todo egoísmo y darle libertad a sus elecciones implica no exigirle nada ni a él ni a su cuerpo, aunque luego sea su exigencia absoluta la que lo lleve a forzar la máquina.

La cabeza del mejor de todos se debate en ese dilema. Sabe que debe administrar las cargas, pero esa voracidad competitiva que lo hizo único durante más de 15 años lo invita a seguir actuando en el rol protagónico. Todos dejamos de ser inmortales cuando pasamos la barrera de los 30 y esa rebeldía que antes le permitía jugar todos los minutos de todos los partidos, ahora es cordura y sentido común para aceptar la idea de dosificar esfuerzos y alargar la vida útil. Por eso no especula sobre el futuro ni vende falsas ilusiones.

La mejor respuesta es la que da el equipo en la cancha, cuando su líder está ausente. El partido en la altura de La Paz o el primer tiempo en el Monumental contra Paraguay en las eliminatorias dan absoluta tranquilidad y ese es un mérito gigante de todos. La ambición del equipo y la de Messi deben ir de la mano, pero el crecimiento deberá ser inversamente proporcional. Cuanto menos de Lionel tenga el seleccionado, más respuestas tendrá que dar como conjunto y ese funcionamiento colectivo es el mejor reaseguro en la actualidad. También en el crecimiento de algunos nombres está la clave, por eso nos maravillamos con las atajadas de “Dibu” Martinez y la calidad de “Cuti” Romero. Enormes bastiones que lentamente y sin darse cuenta van tomando el legado hacia un futuro no tan lejano.

Para Messi se trata de seguir aprendiendo. Aunque nos cueste aceptarlo, su disfrute del status de campeón del mundo no lo excluye como testigo de lo impiadoso que suele ser el calendario sin distinción de talentos. Expresivo y sensible en sus últimas entrevistas, se lo ve más abierto y comunicativo que nunca. Está feliz y se le nota.

Aquella noche del Lusail ante Francia le dio paz para no tener cuentas pendientes con sus deseos, pero el gen interior es más fuerte, e incluso en esta versión más limitada. siempre quiere un plus cuando se pone la camiseta albiceleste. Entre el gusto por jugar, el miedo por dejar y la adrenalina por competir está la pulsión que aún hoy la moviliza.

El “Ya Está” del festejo mundialista forma parte del pasado. Hay buenas noticias. Como siempre, Messi va por más.

Desde su timidez e improvisado rol de vocero en la conferencia previa al juego ante Perú, Walter Samuel contesta preguntas con la misma simpleza y contundencia con la jugaba. La suspensión que recibió Scaloni por pecar de impuntual dejará al técnico argentino en un verdadero corralito de cuatro paredes, imposibilitado de vivir el partido en su estado natural, a pie de campo. La noticia no altera los planes. Finalmente, y aunque está claro quién toma las decisiones, el sentido orgánico del seleccionado argentino también se expresa desde su cuerpo técnico. Nada despierta histeria, nada genera polémica. La solvencia y seriedad con la que el campeón del mundo juega cada partido en ésta Copa América disipa todo tipo de especulaciones. Nada altera la calma del campamento argentino. O casi.

Messi está tocado. Saber que su capa de superhéroe y esa arma poderosa que lleva guardada en su botín izquierdo no lo blindan del paso del tiempo es algo tan obvio como inquietante. La acumulación de partidos en pocos días es un combo traicionero y este año de experiencia en Miami lo confirmó en un par de oportunidades en las que Leo pagó con su físico la seguidilla frenética de encuentros con escaso tiempo de recuperación. Se sabía: esto que vive hoy podía pasar.

Todos debemos aceptar que este es otro Messi. Distinto al de sus años jóvenes y explosivos, pero también diferente al de un año y medio atrás en Qatar. Despojarnos de todo egoísmo y darle libertad a sus elecciones implica no exigirle nada ni a él ni a su cuerpo, aunque luego sea su exigencia absoluta la que lo lleve a forzar la máquina.

La cabeza del mejor de todos se debate en ese dilema. Sabe que debe administrar las cargas, pero esa voracidad competitiva que lo hizo único durante más de 15 años lo invita a seguir actuando en el rol protagónico. Todos dejamos de ser inmortales cuando pasamos la barrera de los 30 y esa rebeldía que antes le permitía jugar todos los minutos de todos los partidos, ahora es cordura y sentido común para aceptar la idea de dosificar esfuerzos y alargar la vida útil. Por eso no especula sobre el futuro ni vende falsas ilusiones.

La mejor respuesta es la que da el equipo en la cancha, cuando su líder está ausente. El partido en la altura de La Paz o el primer tiempo en el Monumental contra Paraguay en las eliminatorias dan absoluta tranquilidad y ese es un mérito gigante de todos. La ambición del equipo y la de Messi deben ir de la mano, pero el crecimiento deberá ser inversamente proporcional. Cuanto menos de Lionel tenga el seleccionado, más respuestas tendrá que dar como conjunto y ese funcionamiento colectivo es el mejor reaseguro en la actualidad. También en el crecimiento de algunos nombres está la clave, por eso nos maravillamos con las atajadas de “Dibu” Martinez y la calidad de “Cuti” Romero. Enormes bastiones que lentamente y sin darse cuenta van tomando el legado hacia un futuro no tan lejano.

Para Messi se trata de seguir aprendiendo. Aunque nos cueste aceptarlo, su disfrute del status de campeón del mundo no lo excluye como testigo de lo impiadoso que suele ser el calendario sin distinción de talentos. Expresivo y sensible en sus últimas entrevistas, se lo ve más abierto y comunicativo que nunca. Está feliz y se le nota.

Aquella noche del Lusail ante Francia le dio paz para no tener cuentas pendientes con sus deseos, pero el gen interior es más fuerte, e incluso en esta versión más limitada. siempre quiere un plus cuando se pone la camiseta albiceleste. Entre el gusto por jugar, el miedo por dejar y la adrenalina por competir está la pulsión que aún hoy la moviliza.

El “Ya Está” del festejo mundialista forma parte del pasado. Hay buenas noticias. Como siempre, Messi va por más.

 Desde su timidez e improvisado rol de vocero en la conferencia previa al juego ante Perú, Walter Samuel contesta preguntas con la misma simpleza y contundencia con la jugaba. La suspensión que recibió Scaloni por pecar de impuntual dejará al técnico argentino en un verdadero corralito de cuatro paredes, imposibilitado de vivir el partido en su estado natural, a pie de campo. La noticia no altera los planes. Finalmente, y aunque está claro quién toma las decisiones, el sentido orgánico del seleccionado argentino también se expresa desde su cuerpo técnico. Nada despierta histeria, nada genera polémica. La solvencia y seriedad con la que el campeón del mundo juega cada partido en ésta Copa América disipa todo tipo de especulaciones. Nada altera la calma del campamento argentino. O casi.Messi está tocado. Saber que su capa de superhéroe y esa arma poderosa que lleva guardada en su botín izquierdo no lo blindan del paso del tiempo es algo tan obvio como inquietante. La acumulación de partidos en pocos días es un combo traicionero y este año de experiencia en Miami lo confirmó en un par de oportunidades en las que Leo pagó con su físico la seguidilla frenética de encuentros con escaso tiempo de recuperación. Se sabía: esto que vive hoy podía pasar.Todos debemos aceptar que este es otro Messi. Distinto al de sus años jóvenes y explosivos, pero también diferente al de un año y medio atrás en Qatar. Despojarnos de todo egoísmo y darle libertad a sus elecciones implica no exigirle nada ni a él ni a su cuerpo, aunque luego sea su exigencia absoluta la que lo lleve a forzar la máquina.La cabeza del mejor de todos se debate en ese dilema. Sabe que debe administrar las cargas, pero esa voracidad competitiva que lo hizo único durante más de 15 años lo invita a seguir actuando en el rol protagónico. Todos dejamos de ser inmortales cuando pasamos la barrera de los 30 y esa rebeldía que antes le permitía jugar todos los minutos de todos los partidos, ahora es cordura y sentido común para aceptar la idea de dosificar esfuerzos y alargar la vida útil. Por eso no especula sobre el futuro ni vende falsas ilusiones.La mejor respuesta es la que da el equipo en la cancha, cuando su líder está ausente. El partido en la altura de La Paz o el primer tiempo en el Monumental contra Paraguay en las eliminatorias dan absoluta tranquilidad y ese es un mérito gigante de todos. La ambición del equipo y la de Messi deben ir de la mano, pero el crecimiento deberá ser inversamente proporcional. Cuanto menos de Lionel tenga el seleccionado, más respuestas tendrá que dar como conjunto y ese funcionamiento colectivo es el mejor reaseguro en la actualidad. También en el crecimiento de algunos nombres está la clave, por eso nos maravillamos con las atajadas de “Dibu” Martinez y la calidad de “Cuti” Romero. Enormes bastiones que lentamente y sin darse cuenta van tomando el legado hacia un futuro no tan lejano.Para Messi se trata de seguir aprendiendo. Aunque nos cueste aceptarlo, su disfrute del status de campeón del mundo no lo excluye como testigo de lo impiadoso que suele ser el calendario sin distinción de talentos. Expresivo y sensible en sus últimas entrevistas, se lo ve más abierto y comunicativo que nunca. Está feliz y se le nota.Aquella noche del Lusail ante Francia le dio paz para no tener cuentas pendientes con sus deseos, pero el gen interior es más fuerte, e incluso en esta versión más limitada. siempre quiere un plus cuando se pone la camiseta albiceleste. Entre el gusto por jugar, el miedo por dejar y la adrenalina por competir está la pulsión que aún hoy la moviliza.El “Ya Está” del festejo mundialista forma parte del pasado. Hay buenas noticias. Como siempre, Messi va por más.  

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