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“Ha llegado lo que Honduras y su democracia anhela”

Tras la llegada y juramentación del diputado,...

El Messi-Cristiano del ciclismo

DAVID RAUDALES BLOGEl Messi-Cristiano del ciclismo

Arranca la Grande Boucle en Florencia, cuna renacentista. Y es en la bella y pintoresca toscana donde Tadej Pogacar tratará de renacer en la carrera ciclista por excelencia. La que más adeptos arrastra a sus carreteras. La que más siestas estivales rompe. La que se le ha resistido en las dos últimas ediciones. El balcánico llega a la cita con la barriga llena tras una primavera inmaculada, rosa y coronada con el trofeo ‘Senza Fine’ del Giro de Italia, primera grande de la temporada.

Saciado de títulos, pero hambriento de Tour, miel que no paladea desde 2021. Perder no va con el carácter de los Balcanes ni se conjuga en el diccionario del genial ciclista de Komenda. Y es que el caníbal esloveno ha encontrado la horma de su zapato en la fría Escandinavia. En un pescadero que se levantaba a las 5 de la mañana para sufragarse sus primeras bicicletas. Un Jonas Vingegaard que le ha arrebatado la gloria, luciendo de amarillo con el Arco de Triunfo a sus espaldas en 2022 y 2023. Este año la fotografía final no será en París sino en la costera Niza por exigencias olímpicas.

De igual a igual, Vingegaard no tiene nada que envidiar a ‘Pogi’, la carretera así lo ha decretado. Sin embargo, el nórdico llega a Italia sin apenas kilómetros de competición en sus piernas. El tortazo descomunal que sufrió en la Itzulia le llevó al hospital con contusión pulmonar, neumotórax y rotura de clavícula. Combo tremendo. Una caída violenta en la que llegaron a temerse consecuencias mayores. Desde entonces, recuperación, preparación en altura y rodillo, mucho rodillo.

Habrá que ver cómo llega el danés, porque Pogacar no va a tener piedad de él si el cuerpo se lo permite. Y parece que el campeón esloveno empezará en Florencia con un pico de forma que asombra al propio corredor: “Nunca me he sentido tan bien sobre una bicicleta”.

El ciclismo, huérfano de ídolos durante muchos años por motivos turbios, ha encontrado en estos veinteañeros a dos deportistas de raza, a la antigua usanza. La afición les venera por sus gestas y han elevado al deporte de las dos ruedas a otro nivel. Al nivel de los escogidos para la historia. Estamos ante un Messi-Cristiano. Un Larry Bird-Magic Johnson. El Karpov-Kasparov de esta década. Sus nombres permanecerán ya ligados de por vida. No podrá recitarse uno sin que el otro emerja de carrerilla. Es el Tour del desempate.

Arranca la Grande Boucle en Florencia, cuna renacentista. Y es en la bella y pintoresca toscana donde Tadej Pogacar tratará de renacer en la carrera ciclista por excelencia. La que más adeptos arrastra a sus carreteras. La que más siestas estivales rompe. La que se le ha resistido en las dos últimas ediciones. El balcánico llega a la cita con la barriga llena tras una primavera inmaculada, rosa y coronada con el trofeo ‘Senza Fine’ del Giro de Italia, primera grande de la temporada.

Saciado de títulos, pero hambriento de Tour, miel que no paladea desde 2021. Perder no va con el carácter de los Balcanes ni se conjuga en el diccionario del genial ciclista de Komenda. Y es que el caníbal esloveno ha encontrado la horma de su zapato en la fría Escandinavia. En un pescadero que se levantaba a las 5 de la mañana para sufragarse sus primeras bicicletas. Un Jonas Vingegaard que le ha arrebatado la gloria, luciendo de amarillo con el Arco de Triunfo a sus espaldas en 2022 y 2023. Este año la fotografía final no será en París sino en la costera Niza por exigencias olímpicas.

De igual a igual, Vingegaard no tiene nada que envidiar a ‘Pogi’, la carretera así lo ha decretado. Sin embargo, el nórdico llega a Italia sin apenas kilómetros de competición en sus piernas. El tortazo descomunal que sufrió en la Itzulia le llevó al hospital con contusión pulmonar, neumotórax y rotura de clavícula. Combo tremendo. Una caída violenta en la que llegaron a temerse consecuencias mayores. Desde entonces, recuperación, preparación en altura y rodillo, mucho rodillo.

Habrá que ver cómo llega el danés, porque Pogacar no va a tener piedad de él si el cuerpo se lo permite. Y parece que el campeón esloveno empezará en Florencia con un pico de forma que asombra al propio corredor: “Nunca me he sentido tan bien sobre una bicicleta”.

El ciclismo, huérfano de ídolos durante muchos años por motivos turbios, ha encontrado en estos veinteañeros a dos deportistas de raza, a la antigua usanza. La afición les venera por sus gestas y han elevado al deporte de las dos ruedas a otro nivel. Al nivel de los escogidos para la historia. Estamos ante un Messi-Cristiano. Un Larry Bird-Magic Johnson. El Karpov-Kasparov de esta década. Sus nombres permanecerán ya ligados de por vida. No podrá recitarse uno sin que el otro emerja de carrerilla. Es el Tour del desempate.

 Arranca la Grande Boucle en Florencia, cuna renacentista. Y es en la bella y pintoresca toscana donde Tadej Pogacar tratará de renacer en la carrera ciclista por excelencia. La que más adeptos arrastra a sus carreteras. La que más siestas estivales rompe. La que se le ha resistido en las dos últimas ediciones. El balcánico llega a la cita con la barriga llena tras una primavera inmaculada, rosa y coronada con el trofeo ‘Senza Fine’ del Giro de Italia, primera grande de la temporada.Saciado de títulos, pero hambriento de Tour, miel que no paladea desde 2021. Perder no va con el carácter de los Balcanes ni se conjuga en el diccionario del genial ciclista de Komenda. Y es que el caníbal esloveno ha encontrado la horma de su zapato en la fría Escandinavia. En un pescadero que se levantaba a las 5 de la mañana para sufragarse sus primeras bicicletas. Un Jonas Vingegaard que le ha arrebatado la gloria, luciendo de amarillo con el Arco de Triunfo a sus espaldas en 2022 y 2023. Este año la fotografía final no será en París sino en la costera Niza por exigencias olímpicas.De igual a igual, Vingegaard no tiene nada que envidiar a ‘Pogi’, la carretera así lo ha decretado. Sin embargo, el nórdico llega a Italia sin apenas kilómetros de competición en sus piernas. El tortazo descomunal que sufrió en la Itzulia le llevó al hospital con contusión pulmonar, neumotórax y rotura de clavícula. Combo tremendo. Una caída violenta en la que llegaron a temerse consecuencias mayores. Desde entonces, recuperación, preparación en altura y rodillo, mucho rodillo.Habrá que ver cómo llega el danés, porque Pogacar no va a tener piedad de él si el cuerpo se lo permite. Y parece que el campeón esloveno empezará en Florencia con un pico de forma que asombra al propio corredor: “Nunca me he sentido tan bien sobre una bicicleta”.El ciclismo, huérfano de ídolos durante muchos años por motivos turbios, ha encontrado en estos veinteañeros a dos deportistas de raza, a la antigua usanza. La afición les venera por sus gestas y han elevado al deporte de las dos ruedas a otro nivel. Al nivel de los escogidos para la historia. Estamos ante un Messi-Cristiano. Un Larry Bird-Magic Johnson. El Karpov-Kasparov de esta década. Sus nombres permanecerán ya ligados de por vida. No podrá recitarse uno sin que el otro emerja de carrerilla. Es el Tour del desempate.  

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