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miércoles, julio 24, 2024

Alemania enseñó las armas con las que aspira al título: convicción, firmeza, seguridad defensiva y la calidad de Kai Havertz

DAVID RAUDALES BLOGAlemania enseñó las armas con las que aspira al título: convicción, firmeza, seguridad defensiva y la calidad de Kai Havertz

Los últimos años del fútbol alemán han sido especialmente tempestuosos. Sendas eliminaciones en fase de grupos en los mundiales de Rusia y Qatar, una caída traumática en octavos de final en la Eurocopa disputada en 2021, pero sobre todo, un nivel de juego muy por debajo de la media habitual para un país acostumbrado a pelear los primeros puestos suponían todo un reto previo a la Euro2024.

El tema motivó discusiones en todos los ámbitos, desde las mesas de las cervecerías hasta los despachos dirigenciales. Se plantearon revisiones en políticas de formación, fueron y vinieron cuerpos técnicos, se renovaron nombres en las listas de convocados a la selección. Hasta que justamente en una noche de tormenta -que incluyó lluvia torrencial, granizo, rayos y truenos que obligaron a suspender durante media hora el primer tiempo del partido ante Dinamarca-, la escuadra tetracampeona del mundo dio un paso fundamental para volver a creer en sí misma. Con sustos y controversias, sin alardes, pero con una firmeza y convicción que parecía esfumada desde la consagración en Maracaná en 2014.

Julian Nagelsmann, el jovencísimo entrenador alemán, tiene buena parte de “culpa” en este principio de resurrección. Es un técnico que en su corta y muy rica trayectoria ha demostrado saber lo que quiere, y defenderlo hasta llegar al límite del fundamentalismo, con el riesgo que ello puede representar. Esta vez dio una nueva muestra de carácter.

Niclas Fullkrug es el típico 9 alemán de toda la vida: robusto, potente, especialista en el cabezazo y veloz para rematar todo lo que caiga en el área adversaria. Su promedio de goles en la Bundesliga acredita sus méritos, pero ni Hansi Flick en Qatar, ni Nagelsmann ahora priorizan su eficacia sobre otras condiciones. En ambos casos han preferido a Kai Havertz, un centrodelantero elegante, proclive a la genialidad, aunque dueño de una frialdad muchas veces exasperante.

El hombre del Arsenal, con su facilidad para tirarse atrás o hacia las puntas, y su toque dúctil fue pieza importante para asociarse con Ilkay Gündogan y Jamal Musiala en el baile a Escocia en la jornada inaugural del torneo, pero su presencia fue en declive en los siguientes dos partidos. Fullkrug, en cambio, cumplió en su cita con la red cuando fue llamado a participar ante los británicos y rescató al equipo marcando el empate frente a Suiza. Los hinchas y una buena porción de la prensa germana comenzaron a reclamar su titularidad para el encuentro de octavos contra la fornida defensa danesa. Nagelsmann hizo oídos sordos, insistió con el 9 que se adapta mejor a su ideario futbolístico, y este le respondió siendo una de las figuras de la cancha.

Vivo para estacionarse entre los tres centrales rivales, o salir en los momentos en los que la jugada lo pedía, Havertz resultó un acertijo indescifrable para los hombres de camiseta roja. Rondó un par de veces el gol, con un zurdazo de volea y un cabezazo en la mitad inicial (en ambas se lo negó Kasper Schmeichel); pudo gritarlo a los 8 de la segunda, pateando con exquisita precisión un penal que descubrió el VAR por mano de Joachim Andersen; y tuvo toques de magia como enganche tras el ingreso de Fullkrug.

Lo mejor del partido

Más allá de Havertz, Alemania enseñó algunas otras cartas que lo convierten en aspirante serio. La vigencia de Manuel Neuer en el arco; la seguridad que brindan Nico Schlotterbeck y un imponente Antonio Rüdiger en defensa, la capacidad de Robert Andrich en la recuperación, la reconocida sapiencia de Toni Kroos y Gündogan en la conducción, y la habilidad de Musiala cuando se ata la pelota al pie.

Claro que Dinamarca, equipo duro y difícil donde los haya, también supo enseñar algunos puntos flojos en los locales. Aguantó la embestida germana en el primer cuarto de hora -a los 3, el VAR comenzó su función anulándole un gol a Schlotterbeck por falta previa de Joshua Kimmich-, emparejó el dominio a partir de los 20, antes y después del parate por el diluvio; y pudo ponerse en ventaja en la reanudación si el VAR (otra vez) no hubiese determinado que la punta del botín de Thomas Delaney estaba en offside antes de que Andersen sacudiese la red de Neuer con un zurdazo. Pero el tanto fue anulado, enseguida llegó el penal y el camino al 2-0 final quedó allanado.

En una noche de tormenta, Alemania rompió con las frustraciones recientes y se metió de prepo en los cuartos de final. Tuvo convicción, firmeza y ratos de buen juego para lograrlo. También el imprescindible toque de suerte que en definitiva siempre ha sido un protagonista más en la prolífica y triunfal historia de su fútbol.

Los últimos años del fútbol alemán han sido especialmente tempestuosos. Sendas eliminaciones en fase de grupos en los mundiales de Rusia y Qatar, una caída traumática en octavos de final en la Eurocopa disputada en 2021, pero sobre todo, un nivel de juego muy por debajo de la media habitual para un país acostumbrado a pelear los primeros puestos suponían todo un reto previo a la Euro2024.

El tema motivó discusiones en todos los ámbitos, desde las mesas de las cervecerías hasta los despachos dirigenciales. Se plantearon revisiones en políticas de formación, fueron y vinieron cuerpos técnicos, se renovaron nombres en las listas de convocados a la selección. Hasta que justamente en una noche de tormenta -que incluyó lluvia torrencial, granizo, rayos y truenos que obligaron a suspender durante media hora el primer tiempo del partido ante Dinamarca-, la escuadra tetracampeona del mundo dio un paso fundamental para volver a creer en sí misma. Con sustos y controversias, sin alardes, pero con una firmeza y convicción que parecía esfumada desde la consagración en Maracaná en 2014.

Julian Nagelsmann, el jovencísimo entrenador alemán, tiene buena parte de “culpa” en este principio de resurrección. Es un técnico que en su corta y muy rica trayectoria ha demostrado saber lo que quiere, y defenderlo hasta llegar al límite del fundamentalismo, con el riesgo que ello puede representar. Esta vez dio una nueva muestra de carácter.

Niclas Fullkrug es el típico 9 alemán de toda la vida: robusto, potente, especialista en el cabezazo y veloz para rematar todo lo que caiga en el área adversaria. Su promedio de goles en la Bundesliga acredita sus méritos, pero ni Hansi Flick en Qatar, ni Nagelsmann ahora priorizan su eficacia sobre otras condiciones. En ambos casos han preferido a Kai Havertz, un centrodelantero elegante, proclive a la genialidad, aunque dueño de una frialdad muchas veces exasperante.

El hombre del Arsenal, con su facilidad para tirarse atrás o hacia las puntas, y su toque dúctil fue pieza importante para asociarse con Ilkay Gündogan y Jamal Musiala en el baile a Escocia en la jornada inaugural del torneo, pero su presencia fue en declive en los siguientes dos partidos. Fullkrug, en cambio, cumplió en su cita con la red cuando fue llamado a participar ante los británicos y rescató al equipo marcando el empate frente a Suiza. Los hinchas y una buena porción de la prensa germana comenzaron a reclamar su titularidad para el encuentro de octavos contra la fornida defensa danesa. Nagelsmann hizo oídos sordos, insistió con el 9 que se adapta mejor a su ideario futbolístico, y este le respondió siendo una de las figuras de la cancha.

Vivo para estacionarse entre los tres centrales rivales, o salir en los momentos en los que la jugada lo pedía, Havertz resultó un acertijo indescifrable para los hombres de camiseta roja. Rondó un par de veces el gol, con un zurdazo de volea y un cabezazo en la mitad inicial (en ambas se lo negó Kasper Schmeichel); pudo gritarlo a los 8 de la segunda, pateando con exquisita precisión un penal que descubrió el VAR por mano de Joachim Andersen; y tuvo toques de magia como enganche tras el ingreso de Fullkrug.

Lo mejor del partido

Más allá de Havertz, Alemania enseñó algunas otras cartas que lo convierten en aspirante serio. La vigencia de Manuel Neuer en el arco; la seguridad que brindan Nico Schlotterbeck y un imponente Antonio Rüdiger en defensa, la capacidad de Robert Andrich en la recuperación, la reconocida sapiencia de Toni Kroos y Gündogan en la conducción, y la habilidad de Musiala cuando se ata la pelota al pie.

Claro que Dinamarca, equipo duro y difícil donde los haya, también supo enseñar algunos puntos flojos en los locales. Aguantó la embestida germana en el primer cuarto de hora -a los 3, el VAR comenzó su función anulándole un gol a Schlotterbeck por falta previa de Joshua Kimmich-, emparejó el dominio a partir de los 20, antes y después del parate por el diluvio; y pudo ponerse en ventaja en la reanudación si el VAR (otra vez) no hubiese determinado que la punta del botín de Thomas Delaney estaba en offside antes de que Andersen sacudiese la red de Neuer con un zurdazo. Pero el tanto fue anulado, enseguida llegó el penal y el camino al 2-0 final quedó allanado.

En una noche de tormenta, Alemania rompió con las frustraciones recientes y se metió de prepo en los cuartos de final. Tuvo convicción, firmeza y ratos de buen juego para lograrlo. También el imprescindible toque de suerte que en definitiva siempre ha sido un protagonista más en la prolífica y triunfal historia de su fútbol.

 Los últimos años del fútbol alemán han sido especialmente tempestuosos. Sendas eliminaciones en fase de grupos en los mundiales de Rusia y Qatar, una caída traumática en octavos de final en la Eurocopa disputada en 2021, pero sobre todo, un nivel de juego muy por debajo de la media habitual para un país acostumbrado a pelear los primeros puestos suponían todo un reto previo a la Euro2024.El tema motivó discusiones en todos los ámbitos, desde las mesas de las cervecerías hasta los despachos dirigenciales. Se plantearon revisiones en políticas de formación, fueron y vinieron cuerpos técnicos, se renovaron nombres en las listas de convocados a la selección. Hasta que justamente en una noche de tormenta -que incluyó lluvia torrencial, granizo, rayos y truenos que obligaron a suspender durante media hora el primer tiempo del partido ante Dinamarca-, la escuadra tetracampeona del mundo dio un paso fundamental para volver a creer en sí misma. Con sustos y controversias, sin alardes, pero con una firmeza y convicción que parecía esfumada desde la consagración en Maracaná en 2014.Julian Nagelsmann, el jovencísimo entrenador alemán, tiene buena parte de “culpa” en este principio de resurrección. Es un técnico que en su corta y muy rica trayectoria ha demostrado saber lo que quiere, y defenderlo hasta llegar al límite del fundamentalismo, con el riesgo que ello puede representar. Esta vez dio una nueva muestra de carácter.Niclas Fullkrug es el típico 9 alemán de toda la vida: robusto, potente, especialista en el cabezazo y veloz para rematar todo lo que caiga en el área adversaria. Su promedio de goles en la Bundesliga acredita sus méritos, pero ni Hansi Flick en Qatar, ni Nagelsmann ahora priorizan su eficacia sobre otras condiciones. En ambos casos han preferido a Kai Havertz, un centrodelantero elegante, proclive a la genialidad, aunque dueño de una frialdad muchas veces exasperante.El hombre del Arsenal, con su facilidad para tirarse atrás o hacia las puntas, y su toque dúctil fue pieza importante para asociarse con Ilkay Gündogan y Jamal Musiala en el baile a Escocia en la jornada inaugural del torneo, pero su presencia fue en declive en los siguientes dos partidos. Fullkrug, en cambio, cumplió en su cita con la red cuando fue llamado a participar ante los británicos y rescató al equipo marcando el empate frente a Suiza. Los hinchas y una buena porción de la prensa germana comenzaron a reclamar su titularidad para el encuentro de octavos contra la fornida defensa danesa. Nagelsmann hizo oídos sordos, insistió con el 9 que se adapta mejor a su ideario futbolístico, y este le respondió siendo una de las figuras de la cancha.Vivo para estacionarse entre los tres centrales rivales, o salir en los momentos en los que la jugada lo pedía, Havertz resultó un acertijo indescifrable para los hombres de camiseta roja. Rondó un par de veces el gol, con un zurdazo de volea y un cabezazo en la mitad inicial (en ambas se lo negó Kasper Schmeichel); pudo gritarlo a los 8 de la segunda, pateando con exquisita precisión un penal que descubrió el VAR por mano de Joachim Andersen; y tuvo toques de magia como enganche tras el ingreso de Fullkrug.Lo mejor del partidoMás allá de Havertz, Alemania enseñó algunas otras cartas que lo convierten en aspirante serio. La vigencia de Manuel Neuer en el arco; la seguridad que brindan Nico Schlotterbeck y un imponente Antonio Rüdiger en defensa, la capacidad de Robert Andrich en la recuperación, la reconocida sapiencia de Toni Kroos y Gündogan en la conducción, y la habilidad de Musiala cuando se ata la pelota al pie.Claro que Dinamarca, equipo duro y difícil donde los haya, también supo enseñar algunos puntos flojos en los locales. Aguantó la embestida germana en el primer cuarto de hora -a los 3, el VAR comenzó su función anulándole un gol a Schlotterbeck por falta previa de Joshua Kimmich-, emparejó el dominio a partir de los 20, antes y después del parate por el diluvio; y pudo ponerse en ventaja en la reanudación si el VAR (otra vez) no hubiese determinado que la punta del botín de Thomas Delaney estaba en offside antes de que Andersen sacudiese la red de Neuer con un zurdazo. Pero el tanto fue anulado, enseguida llegó el penal y el camino al 2-0 final quedó allanado.En una noche de tormenta, Alemania rompió con las frustraciones recientes y se metió de prepo en los cuartos de final. Tuvo convicción, firmeza y ratos de buen juego para lograrlo. También el imprescindible toque de suerte que en definitiva siempre ha sido un protagonista más en la prolífica y triunfal historia de su fútbol.  

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