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miércoles, julio 24, 2024

Si está deprimido y necesita ayuda, llame al 150: el Teléfono de la Esperanza

DAVID RAUDALES BLOGSi está deprimido y necesita ayuda, llame al 150: el Teléfono de la Esperanza

SAN PEDRO SULA

Si un problema lo agobia, o está triste, decepcionado y no encuentra sentido a su vida, o sencillamente no tiene a quien llamar para platicar y abrir su corazón, marque desde su celular el número 150.

De forma anónima y muy profesional un voluntario lo atenderá y le brindará toda la ayuda posible para que pueda superar esos sentimientos, ya sea ayudándolo a desahogar todo lo que lleva dentro o remitiéndolo con un profesional especializado.

El número 150 es el Teléfono de la Esperanza, y esa línea de ayuda, que tiende su mano a todo aquel que lo necesita, justamente este día está de cumpleaños. Hoy celebra sus 20 años oyéndonos y brindado atenciones por medio de llamadas telefónicas.

Fue un 12 de junio de 2004, cuando el ahora obispo emérito, monseñor Ángel Garachana Pérez concretaba el sueño de proveer a los sampedranos un servicio de ayuda y orientación psicológica.

El Teléfono de la Esperanza abría al público para recibir las llamadas de esperanza, de alivio, de orientación. Veinte años después, este servicio gratuito y anónimo que se ofrece a la población en San Pedro Sula, Tegucigalpa y La Ceiba se mantiene vigente para tender una mano y hasta prestar el hombro a aquellos que sufren o se agobian por la tristeza y el dolor, y un sin número de dolencias emocionales.

María Oralia Márquez, presidenta de la Asociación Hondureña Teléfono de la Esperanza, señala que es gracias al voluntariado que se han logrado mantener firme por ya dos décadas.

En todo este tiempo acumulan más de 20,000 llamadas recibidas, la mayoría son por problemas familiares y de pareja, otras más han servido para salvar vidas y devolver a muchísimas personas las ganas de volver a vivir.

Para ser voluntario hay que tener el deseo y formarse con varios cursos que lo preparan primo a autoconocerse y autoayudarse. El servicio del Teléfono de la Esperanza nació atendiendo llamadas desde cabinas privadas en las oficinas de la asociación, pero debido a la pandemia tuvieron que recurrir a las telellamadas.

Es el mismo servicio, nada que más que las llamadas que atienden los voluntarios caen a un call center y de ahí se redirigen a sus teléfonos privados, desde donde atienden a las personas que llaman por ayuda. Ellos se organizan por turnos y han adecuado espacios para atender con privacidad cada llamada que reciben.

En la actualidad en San Pedro Sula operan con al menos 20 voluntarios, y en todo el país en total son unos 80. Aunque no tienen un registro de cuántas vidas han salvado con solo el hecho de oír, los reconforta volver a escuchar que cambiaron vidas.

“Hemos recibido llamadas donde la gente dice ‘gracias a que ustedes me escucharon, yo sigo viva, o yo sigo vivo. Gracias al teléfono, yo cambié mi vida, mi familia es diferente, porque si no hubiera sido por el teléfono, yo no estuviera’. Cuando uno escucha esas palabras se nos pone la piel de gallina. Porque no es por el trabajo que nosotros hacemos, sino es gracias a una organización que capacita a las personas”, señala Márquez.

En la actualidad, el Teléfono de la Esperanza espera que más personas se les unan como voluntarios, solo deben tener más de 21 años y estar dispuestos a capacitarse para ayudar a ayudar. Creen que con el inmenso deterioro de la salud mental de los hondureños, ahora se vuelve más vital el apoyo de la ciudadanía.

Si quiere convertirse en voluntario puede marcar al teléfono 9748-0666. La asociación también imparte seminarios presenciales y virtuales. La gran mayoría de personas que llaman por ayuda enfrentan duelos o problemas familiares o matrimoniales.

También ha incrementado el número de jóvenes agobiados por situaciones familiares o emocionales que acuden al 150 para buscar la ayuda que quizá no encuentran en casa.

A las personas enfrentando estas situaciones les ofrecen talleres motivacionales, entre ellos, los orientados a promover la alegría de vivir, el pensamiento positivo y a la resolución de conflictos. “Cambian vidas”, asegura Márquez.

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